viernes, 2 de junio de 2017

Lo que cambió en las periferias

Lumpen de César Cabello


¿Quién puede decir algo de las poblaciones, que se han/agrupado, esa manga de seres que no saben quiénes son,/que cada noche pasan llevando sus ataúdes/sacándoles la lengua a las cámaras? Estos versos del poema Aviso, en Maxim de José Ángel Cuevas, me parecen adecuados para iniciar estas notas. De alguna manera, Lumpen de César Cabello se hace cargo de esa pregunta. Indaga sobre esa larga marcha fúnebre frente a las cámaras. Pregunta por qué o quién es lo que ha muerto. Por el sentido de esta romería. La acompaña en su recorrido que es también el de un mundo, una época y una biografía.

De 50 Aniversario de la Población Sta. Olga, Lo Espejo, el texto que abre el libro: Celebro la sombra de mi infancia en una toma de terrenos,/al grupo de niños con el que jugábamos a explorar/la fábrica abandonada, el hospital inconcluso,/ las fronteras de los aeropuertos//Celebro al homo faber,/a las dirigentes del comité Sta. Olga de Kiev/y al político desconocido que –sin pedir nada a cambio-/convenció al propietario de esos manzanares/para que firmara la expropiación. Celebrar la infancia en una toma de terrenos. La ocupación ilegal como patio de juegos. Crecer allí. En medio de quienes no tienen nada, ni un lugar donde vivir. Pero han tenido el coraje de conquistar, aún por la violencia, su derecho a uno. Crecer en medio de sus trabajos. Sus luchas. Su dignidad. 

Así comienza este libro. Celebrando en la memoria ese mundo popular. Un mundo de trabajadores. Celebrando en el recuerdo al Homo Faber. Aquél que sabe ocupar sus manos para construirse un lugar, a pesar de la miseria y la desesperanza. Gente de esfuerzo. Gente de oficio. Gente como la que describen estos versos de Mano de obra: Esta casa tiene la forma de la noche./La construyó mi padre sin ser arquitecto./En ella puso en juego sus horas robadas al trabajo/y la liquidez de un auto que por necesidad/tuvo que venderse. 

La memoria, la sombra de la infancia, se proyecta en estas imágenes. Las imágenes de gente que vive dando la pelea. Inventándose un futuro a pesar de la intemperie. La población como el lugar original, aquel donde se aprendió el Arte de pobres: Mi casa de infancia/El cerco de madera atravesado por gatos callejeros/que venían en busca de comida. 

Sin embargo, a esta primera estación del cortejo, sigue otra bien distinta. Aquella que relata la violenta destrucción de ese mundo. El arrase de sus esperanzas y sus formas cotidianas de solidaridad ante el empuje incontenible del dinero. Ante el poder de la economía que, como una marea tóxica, va permeando la vida y el corazón de la gente en los barrios. Que les inocula, como un virus, el nuevo lenguaje de la codicia, la competencia y el egoísmo. 

La historia real de la implantación del Modelo Chileno vista desde lo que sus mentores llamaron, asépticamente, externalidades negativas. Sus consecuencias en las vidas reales de quienes fueron condenados a la exclusión y a la precariedad. Poemas como Los modelos, Esperando a los chinos, Jardinero de Palacio o Diario de un cesante, dibujan, a través de situaciones y retratos, esta historia del nuevo capitalismo chileno contada en primera persona por quienes no fueron convidados a la fiesta: El jefe de recursos humanos/de una empresa de carnes y embutidos,/te entrevista. Dice que te llamará/si encuentra una vacante/en el matadero. 

Una vacante en el matadero. Ahora eso es todo a lo que puede aspirar el Pueblo Trabajador. Una metáfora radical del proceso irreversible que ha tenido como resultado su cuasi desaparición. Las formas de vida impuestas por el neoliberalismo que lo han llevado a la extinción paulatina y han construido en su lugar un sujeto social y cultural precarizado al extremo. Carente, ya no solo en el plano material, sino en uno más profundo. Carente de conciencia e identidad propias. Una manga de seres que no sabe quienes son, como escribe Cuevas. Lumpen, en los términos de la clásica definición de Marx en La ideología alemana. 

Última estación del cortejo: a la desaparición del Pueblo siguió la emergencia del Lumpen. Su mundo ya no es el del trabajo, sino el de la delincuencia, la droga, sus códigos, sus ritos. Sin ilusiones de una vida mejor basada en el esfuerzo y el espíritu de superación, la violencia es su  estrategia y su forma de vida. Textos como Vía Crucis, Lumpen, Pasta base, De cómo nace un delincuente o Carceleros podrían leerse como escenas de una película filmada al interior de ese mundo. Un recorrido por esa zona muerta de la que se habla en Lumpen: Aquella es la zona muerta/que no está en los expedientes.

Fui parido en medio/ de un ajuste de cuentas. El Lumpen, su lugar de origen. El de aquellos que fueron paridos en medio de la violencia. Los que crecieron en ella como en su patio de juegos. Los que aprendieron la gramática de la sangre como lengua materna. Ese lugar, esa zona muerta, es también para ellos una ética y una política. Esa perspectiva queda muy clara en el texto titulado ¿Qué cambió en las periferias?. En él se reproducen las declaraciones a la prensa del jefe narco brasileño Marcos Camacho quien responde con elocuencia a esa pregunta: Mangos. Nosotros ahora tenemos. ¿Usted cree que quien tiene 40 millones de dólares como Beira Mar no manda? Con 40 millones de dólares la cárcel es un hotel, un escritorio. 

Lo que cambió en las periferias es un mundo, una vida. La desaparición de un pueblo y la irrupción de otro sujeto que se formó en el duro aprendizaje de la jerga del poder y la violencia. Un proceso de décadas en las que tuvo lugar lo que Pasolini, situado en la Italia de los setentas, llamó una mutación antropológica. Pasolini en Escritos corsarios: Para entender los cambios de la gente, hay que amarla. Yo, lamentablemente, a esta gente italiana la había amado, tanto desde fuera de los esquemas de poder (al contrario, en oposición desesperada a ellos) como desde fuera de los esquemas populistas y humanitarios. Se trataba de un amor real radicado en mi modo de ser. De modo que vi, “con mis sentidos” cómo el comportamiento impuesto por el poder del consumo rehacía y deformaba la conciencia del pueblo italiano, hasta una degradación irreversible. 

La degradación de un pueblo vista con los sentidos, dice Pasolini. Creo que este libro trabaja con la historia social desde un ángulo similar. Lo hace con los sentidos, a diferencia de la historiografía y la ciencia social. Integra en su comprensión de un proceso cultural a gran escala como es este, la subjetividad de la experiencia personal y la sensibilidad por las tramas del lenguaje. 

Lumpen habla de la catástrofe sentimental y política, del cortejo fúnebre de lo que alguna vez fue un Pueblo. Un lugar desaparecido, al que ya no es posible volver: celebro el día en que me alejé de ti/y solo regresé para cargar el ataúd/en el funeral de un amigo. Ni siquiera la poesía es un camino de regreso. Porque también ella es parte del desastre: Y desde arriba, escuchas decir a un traficante de drogas/que el poema es un paquete de marihuana/de cinco mil pesos: dos otras cogollos/como versos relucientes/sobre una cama de hojas secas/que han perdido su poder de alucinación.


Valparaíso. Junio de 2016


Lumpen
César Cabello
Poesía
Tacto Editorial. 2016




jueves, 27 de abril de 2017

Brillar con luz propia. Entrar en la luz de los demás.


El estilo de mis matemáticas de Mauricio Redolés


Un día tendré mi luz propia/una lámpara que iluminará sólo mis poemas/y las universidades/y las revistas culturales culiás/me abrirán por fin sus puertas pudendas. Estos versos del poema Luz propia pueden servir para iniciar estas líneas sobre El estilo de mis matemáticas, la antología que reúne gran parte del trabajo poético de Mauricio Redolés y que quizás, como nunca antes, hace visible y accesible ese trabajo a un círculo de lectores mucho más amplio del que ha tenido hasta ahora. 

Tal como plantea el excelente prólogo de Yanko González, este libro brinda también la oportunidad de situar su poética en el contexto de la tradición literaria chilena. Las puertas siempre pudendas de la academia y la crítica le han mezquinado un lugar a Redolés por muchos años. Cuestión que, desde luego, a Redolés siempre le ha tenido sin cuidado: A diferencia de muchos que suenan todo el día en las radios y se llenan de plata, mis canciones se van a escuchar en cien años más. Por eso, nunca me he sentido un marginal como muchos creen. Lo mismo podría decirse de su poesía. Poemas para ser leídos en cien años, cuando los hits del ranking poético y su juego de vanidades e instalaciones ya sea pasto del olvido.

Imposible hacer aquí una lectura exhaustiva de este libro. Me limito entonces a unos comentarios breves sobre un par de coordenadas que, me parece, definen su poética. 

Para mí/poesía es un trazo de memoria en el lenguaje. Ese es el primer verso de My poetic, texto escrito hace más de veinte años y que define el sentido más profundo de esta poesía. Dibujar ese trazo de memoria. Un trazo que, en el caso de Redolés, tiene su inicio dramático como preso político a bordo de la Motonave Lebu y continúa con el exilio europeo y el desexilio a contramano de un país sin memoria ni utopías, cuya vida cotidiana fue colonizada poco a poco por el poder y el dinero. En la caligrafía de Redolés, la historia del país y la historia personal coinciden en un trazo único. En ello radica su fuerza. Sus palabras, casi siempre en primera persona, buscan alentar el recuerdo de las víctimas, llamarnos a evitar que caigan en el olvido y con ello desaparezcan del todo. A escuchar, tal como se titula ese poema bello y terrible, su susurro al viento. La historia es sangre, escribió Carlos Droguett, el deber del poeta es la valentía. Mauricio Redolés ha sido consecuente con esa exigencia desde su iniciática lectura de la novela Patas de Perro hasta el día de hoy.

Y cuando/desperté/1973/aún estaba allí. Lo que en el cuento clásico de Monterroso es el asombro, en la versión de Redolés es el terror. En vez de un dinosaurio, la tragedia nacional que vuelve una y otra vez a ensombrecer el sueño como una pesadilla recurrente. Desde este ángulo, creo que esta poesía ha sido una de las más lúcidas y útiles para comprender esa recurrencia. ¿Quién mató a Gaete? es, con seguridad, uno de los textos literarios más precisos y mordaces sobre las miserias de nuestra post dictadura. ¿Qué será de mi torturador? un poema doloroso hasta el sarcasmo sobre la banalidad de nuestro mal. 

El argot chileno consiste en no decir nunca las cosas claramente y reducirlo todo a chiste dijo alguna vez Raúl Ruiz. Chistes de un humor de lo más negro, en cualquier caso. En el mismo sentido, Redolés usa sistemáticamente el humor, siempre filoso, siempre cortante, para hacernos ver lo que de otro modo no podríamos, aún estando frente a nuestra nariz. También lo usa como una forma de cercanía y desacralización del poeta. La alegría es también revolucionaria escribió Roque Dalton. Redolés ha explorado ese potencial revolucionario del humor y la risa, a veces tierna, a veces amarga. Ha inventado una nueva risa, como a manera de elogio le dijo Nicanor a Maquieira. Redolés nos ha hecho reír, pero de una forma muy seria. Ha hecho del hueveo, tal como quería Enrique Lihn, una bandera de lucha.

Los etruscos/me pidieron ser su/poeta oficial//nnno creo/no creo en/la ofi/en la oficiali/ddad/(no/no creo)/no/ //No tomen/la poesía/para el reverendo/huevedo oh!/dé/jenla ser/quien/es(la poesía)! Redolés nunca ha prestado oído a las peticiones de los etruscos. Nadie más lejos que él de ese limbo, tan codiciado por algunos poetas olímpicos. Ese sitial único, en lo más alto de las cumbres, donde habita el poeta oficial. Por el contrario, lejos de esa pretensión, Redolés habita Un mundo de cosas pequeñas/de poeta/ pequeño/cosas de verdadera poesía/en la ventana de ayer. La verdadera poesía está en las cosas pequeñas. Las cosas de todos los días. Lo que nos sucede a quienes, como Redolés, vivimos al pie de las montañas, en los valles, no en las altas cimas. Las cimas que solo interesan, al decir de Gonzalo Millán, a los profetas y los andinistas. 

Desde luego, esta actitud expresa una clara posición política. La posición libertaria, contracultural, punk, que caracteriza lo que escribe y canta Redolés. La poesía como una actividad de crítica y confrontación permanente con los horrores y los dolores de Este largo y angosto vómito de bilis/que se llama Chile. Para llevarla a cabo, el poeta, parafraseando a Bertoni, no debe estar en el poder. Aún más. Ojalá los poetas fueran siempre prescindibles al poder, como escribe Redolés

Termino volviendo al inicio. ¿Ayudará este libro a que las puertas pudendas del sistema literario chileno se abran para el poeta Redolés? Puede que a estas alturas ya no tenga importancia. Del mismo poema que cité al inicio, Luz propia: Un día tendré mi luz propia/seré mi fuerza propia mi ejército clandestino/entrando en la luz de los demás//faltaba luz/y tuve que explicarla/con mis manos. Más allá de este libro, creo que el ejército clandestino de Redolés, tal como ha hecho durante todos estos años, no dejará de avanzar. Su trabajo ha expandido el campo de la poesía chilena mucho más allá de las estrechas puertas de la ciudad letrada. Y lo seguirá haciendo. La poesía de Redolés sabe brillar con luz propia. Sabe, como pocas, entrar en la luz de los demás.


Valparaíso. Abril de 2017 


El estilo de mis matemáticas
Mauricio Redolés
Poesía
Lumen


jueves, 12 de enero de 2017

Comentario de Daniel Rojas Pachas a Trabajo de Campo


Documento de una generación

Comentario de Lorena Amaro a Los Bigotes de Mustafá en Revista Santiago


Los bigotes de Mustafá, una novela de juventud con algo de candidez entusiasmada, puede ser leída como el documento sincero y afectivo de una generación, la de aquellos que nacieron en torno a la fecha del Golpe y que llegaron a la adolescencia sin haber conocido más gobierno que una dictadura.
A Jaime Pinos se lo conoce en el ambiente literario como un poeta de calidad, autor de Criminal y Almanaque, buen conocedor de la poesía de sus contemporáneos y generoso con los más jóvenes, a quienes comenta en el conjunto de textos Visión periférica. Ejercicios críticos (2015). Pero antes de todo eso, antes de ser poeta, antes de ser crítico, Pinos incursionó por una vez en la novela con Los bigotes de Mustafá (1997). Por entonces comenzaba a gestarse La Calabaza del Diablo, proyecto en el que Pinos colaboró activamente, tanto con la publicación de este primer libro bajo ese sello como en la redacción de la revista homónima, que marcó una época para los lectores chilenos.

A 20 años de la publicación de aquella primera novela y a 10 de que muriera Pinochet (aludido en esta obra como “El Jefe Supremo”), Los bigotes de Mustafá es reeditada por LOM, una editorial comprometida desde hace décadas, como la propia escritura de Pinos, con la crítica política y social. Esta reedición debe ser leída en este contexto. Constituye un gesto de recuperación de la memoria: Los bigotes de Mustafá, una novela de juventud con algo de candidez entusiasmada, puede ser leída como el documento sincero y afectivo de una generación, la de aquellos que nacieron en torno a la fecha del Golpe, y que llegaron a la adolescencia sin haber conocido más gobierno que una dictadura.

Cuando se publicó el texto, Pinos tenía 26 años y esa juventud se deja sentir en las páginas de la novela: un grupo de amigos opositores a la dictadura, casi recién salidos del colegio, se autodenomina “La Logia” y se reúne a escuchar discos, fumar “hipotálamos” y tramar acciones poético-políticas contra el Jefe Supremo. Quien lleva la cuenta de los días en un “Anecdotario Magistral” es el “Escriba”. Al ritmo de Fito Páez, Silvio Rodríguez, Charlie Parker y Chet Baker, esta libreta revela los deseos de aquellos jóvenes ansiosos por vivir libre y lúdicamente la amistad, los proyectos, las luchas.
La narración se establece a partir del momento en que el Escriba encuentra sin querer el cuaderno (“seguramente buscaba algún libro de Cortázar”, dice literal y simbólicamente) y estructura lo que nunca antes pudo conseguir: una novela. Al material hallado se suman recortes de prensa e imágenes que permitirán completar la historia de un tiempo, el del año del plebiscito, 1988: “Hago esto para ayudar a la memoria a recordar. A recordar ese tiempo que ahora parece tan lejano y está apenas a la vuelta de la esquina. Ese tiempo en que todo era tan distinto”.

Emplazado ya en la decepcionante década de los 90, cuando la memoria de las luchas está todavía fresca pero parece lejana, el Escriba relee y reescribe porque este ejercicio “puede servir como una pista de quiénes éramos entonces para ayudarnos a saber quiénes cresta somos hoy en día”. Es, entonces, la búsqueda obsesiva de una generación que perdió el sentido histórico que animó a la generación de sus padres, desde el momento en que el cambio de mando del 89 se reveló como una forma de continuidad económica y social, con el poder militar todavía muy presente.

La novela no está del todo lograda. Además de instalarse ciertos estereotipos de género (las mujeres “brujas”, intuitivas, afectivas; los hombres políticos e intelectuales), el final resulta acelerado e ingenuo. Sin embargo, quien la lea encontrará una serie de aciertos de observación, que exhalan el aire enrarecido y vil de la dictadura: “Encender el televisor y ver desde la pantalla al animador de las tardes sabatinas que sonríe y le pregunta al concursante a quemarropa: ¿dispara usted o disparo yo? Usted. Redoble de tambores. El animador alza el revólver de fogueo. ¿Está seguro? Close up al rostro tenso del concursante. Casado, cinco hijos, cesante hace seis meses. ¿Está seguro? Los millones, el auto cero kilómetro, el viaje al Caribe (…) El animador que empieza a jalar lentamente el gatillo”. Fotos, noticias, anécdotas de un tiempo que revive en la escritura de Pinos con proximidad y que se agitan en el sótano de la memoria: “Descalificada canción peruana. Polémica entre los organizadores del Festival de la Canción desató la canción peruana, que repite 18 veces la palabra NO en el estribillo…”.

El lenguaje, sencillo y musical, está al servicio de las modestas anécdotas de los personajes. Los encarcelamientos y la represión se viven cotidianamente, como el retorno del exilio o el entrenamiento de guerrilla. La novela de Pinos vive como un documento, que interpela afectivamente a los jóvenes de entonces. Por lo mismo, porque es el canto a una generación y se trata de una especie de edición conmemorativa, LOM pudo cuidar un poco más la revisión de las numerosas erratas (“Billy Halliday”, “Charly Parker”) que burlan la construcción de esa memoria y distraen de las principales preguntas que plantea el libro: cómo se escribe una novela, y sobre todo cómo se puede salir de “la Gran Amnesia”.


martes, 10 de enero de 2017

Vuelve Los bigotes de Mustafá


Txt de Ramón Díaz Eterovic en revista Punto Final

Jaime Pinos Fuentes (1970) pertenece a ese grupo de escritores que eran niños al momento del golpe militar, y que años más tarde, un poco antes y después de la mentada recuperación de la democracia, se une a las luchas estudiantiles que desde entonces han puesto su acento en las desigualdades económicas y sociales que caracterizan a la sociedad chilena. Pinos es un autor de amplio registro. Como poeta ha publicado “Criminal”, “Almanaque” y “80 días”, textos estrechamente unidos al acontecer social y a personajes marginales. 

El año 2014 publicó “Visión periférica” un libro de ensayos, crónicas, entrevistas y notas de lecturas que muestran otra faceta de Pinos, la de un escritor preocupado de la escena literaria y política chilena que explora en distintos textos publicados por otros autores en los últimos años. Textos que en su mayoría han recorrido los caminos de la autoedición, de la marginalidad editorial que identifica a muchos autores de las nuevas hornadas. Su apuesta en este libro busca abrir brechas para el debate literario y ampliar horizontes a la crítica literaria más bien pobre de espacios que caracteriza al medio literario nacional. “Visión periférica” es un libro importante para quienes quieran conocer una mirada distinta del quehacer literario; una mirada que escudriña en los márgenes para hablar de textos y creadores que habitualmente no ocupan las páginas de los acotados medios de la prensa, y en los cuales, generalmente, las páginas culturales son escasas y con poco espacio para los escritores más jóvenes e innovadores. Un libro que dialoga con la tradición poética, encarnada en poetas como Enrique Lihn y Gonzalo Millán. Según Pinos, sus textos de “Visión Periférica” apuntan a reconocer “lo que se ve por el rabillo mientras se mira hacia adelante”. Textos “para ensanchar la visión y volver más ágil el ojo del lector, porque así como la vida cotidiana, la Historia verdadera no está hecha de efemérides, la literatura tampoco está exclusivamente en la soledad de las cumbres. Las cumbres son para los andinistas y los profetas, como dice Gonzalo Millán. Lo que importa son los valles, los espacios donde realmente habitamos. Donde día a día, escribimos y leemos”. Una cita extensa de Pinos que reproducimos porque sintetiza fielmente la postura crítica y creativa de su autor. 

Jaime Pinos fue uno de los fundadores de la emblemática revista “La calabaza del diablo”. En 1997 realizó su primera incursión en la narrativa, publicando la novela “Los bigotes de Mustafá”, que pese a sus pocos ejemplares, dio de qué hablar entre quienes la leyeron y obtuvo un importante reconocimiento en el Premio Municipal de Santiago. Una novela que vuelve a estar a disposición de los lectores, publicada esta vez por la editorial LOM. 

“Los bigotes de Mustafá” es una novela de crecimiento, protagonizada por un grupo de muchachos que ven con incertidumbre y no pocos temores el rumbo que sigue el país al mando del dictador y sus secuaces. Muchachos que buscan un proyecto vital antes que la vida los consuma con sus rutinas y cansancios. “Pienso en este país que nos tocó vivir –dice el narrador de la novela-. Este país en que hemos crecido. Este país donde aprendimos a leer deletreando los nombres de los últimos asesinados en las paredes del barrio y al día siguiente, en las letras rojas del diario, las promesas del Jefe Supremo anunciando el futuro esplendor de la patria”. Los muchachos integran un grupo que llaman la “Logia”, unidos por cierto desamparo y un instintivo sentido solidario. Cada miembro del grupo es un mundo aparte, desde los que aspiran a ser músicos o escritores, hasta la hija de exiliados que no se reconoce en el país de sus padres, o el caso de Esteban, quien decide seguir el camino de la lucha armada contra el tirano. La “Logia” constituye una buena síntesis de las inquietudes y derroteros juveniles de la época. La novela también acierta en el retrato social de los días anteriores al plebiscito entre en el Sí y el No. El miedo para expresarse, las dudas sobre el proceso, las presiones reiteradas de la dictadura, son entre otros, elementos que se desarrollan a lo largo de esta novela que pese a los años transcurridos desde su primera publicación, mantiene su atractivo, el acento lúdico, la complicidad que generan sus protagonistas. Destaca también su estructura de diario intervenido con fotos, recortes de prensa, poemas y otros elementos que permiten representar con mayor precisión los aires de la época y los sentimientos de los personajes.

“Los bigotes de Mustafá” es una buena novela que nos sitúa en una época de esperanza y anticipa muchas de las falencias que caracterizan a la sociedad chilena actual. Un texto original y atractivo de un autor que es una voz importante de su generación y que siempre presenta propuestas literarias que, como espejo implacable reflejan los rostros de un país que parece naufragar en las desigualdades más profundas. 

Publicado en Revista Punto Final N° 863.




lunes, 19 de diciembre de 2016

Persistencia del llantén


Caja de Cambio de Marcelo Arce Garín

Y la conciencia de la pérdida/me da la conciencia de mi diversidad/¿Qué sucederá a partir de esta noche? Con estas palabras de Pier Paolo Pasolini se inicia este libro. Caja de cambio. Mecanismo del movimiento. Engranaje de las velocidades en que transcurre este trayecto textual e imaginario. No un libro de poemas, más bien un largo plano secuencia. La cámara que filma, sin interrupciones, que recoge fragmentos de voces, lugares, objetos. Relato que se articula durante ese ejercicio de recolección y montaje de registros actuales e imágenes de la memoria. La conciencia de la pérdida, escribe Arce citando a Pasolini. De eso habla este libro. Cabe entonces preguntarse qué es eso que se ha perdido y que estos poemas tratan de hacer patente.

La patria se triza en mil pedazos/su columna/es astilla uniforme/mancha del ocaso. Un país hecho pedazos. La patria desmembrada, astillada su columna, repartida en los mismos lugares del dolor que nombran las tres secciones en que se divide este libro: Fractura. Llagas. Costra. Poesía que se escribe entre los escombros y las ruinas. En ese contexto, la perspectiva de este libro, sin embargo, es aún más específica, más localizada. Esta es poesía provincial. Su locación son las calles laterales y las ciudades provincianas a las que alude The Smiths en la citada letra de Panic. Pánico en la provincia. Una provincia cuya vida cotidiana ya está muy lejos de cualquier bucolismo tras la exposición por décadas al mismo capitalismo que la ha depredado en los grandes centros urbanos. Una provincia que podría ser San Bernardo, si se atiende a los epígrafes de Boris Calderón y Yuri Pérez. Pero que también podría ser cualquier otro lugar periférico trasformado, cualquiera sea la distancia geográfica de la metrópolis, por la ocupación cultural del dinero y el consumo que copa toda la extensión del largo y angosto territorio. 

Leído el libro desde esta perspectiva, vale la pena volver a Pasolini y citar en extenso un texto suyo incluido en Escritos Corsarios. El texto se llama Aculturación: Ningún centralismo fascista ha logrado lo que el centralismo de la sociedad de consumo. El fascismo proponía un modelo, reaccionario y monumental, que luego se quedaba en letra muerta: las culturas particulares (campesinas, subproletarias, obreras) seguían obedeciendo imperturbables a sus modelos antiguos. La represión se limitaba a obtener su adhesión de palabra. Hoy, por el contrario, la adhesión a los modelos propuestos por el Centro es total e incondicional. Se reniega de los modelos culturales reales. La abjuración es un hecho. Se puede decir, por lo tanto, que la “tolerancia” de la ideología hedonista implantada por el nuevo poder es la peor de las represiones de la historia humana. 

Estas palabras, escritas a inicios de los setenta en Italia, sirven para describir el paisaje vital y humano en que los textos de este libro se despliegan. Aculturación. Victoria total del centralismo de la sociedad de consumo sobre las comunidades locales, sus costumbres, su lenguaje. Homologación de toda identidad particular a la gramática impuesta por el poder central. Una gramática de la alienación definida en dos palabras por el mismo Pasolini: consumo más televisión. Los cartoneros comunales/se toman la calle/y el frío parte sus manos/gruesas/como cuero de leguero, escribe Arce. La comunidad es lo perdido en un espacio ahora inhóspito y ajeno, donde el frío y la pobreza se han tomado las calles. Donde El corazón morado a puñetazos/solloza en las cornisas. Donde la explotación es la misma que en todas partes: Hijo del lumpenaje, te oprimen cadenas,/y esa injusticia no puede seguir. 

Esa es la situación. Sin embargo, estos poemas, estos cortos filmados en travelling, asumen la tarea que le cabe a toda poesía verdadera: resistir. Recuperar en este caso lo que aún sobrevive a pesar del avance incontenible de la aculturación capitalista. Lo que su maquinaria se empeña sistemáticamente en ocultar o borrar. Buscar las huellas del pasado que sobreviven a contramano de las mutaciones que impone el centralismo del consumo. La poesía es siempre un trabajo de identidad y memoria. Hacer ese trabajo sin nostalgia, con el afán de encontrar las metáforas correctas para nombrar lo que todavía late en esas calles laterales de los pueblos provincianos, a pesar del arrase y la uniformización.

La historia de viejos cines barriales que devienen en templos evangélicos: Tardes invernales/tres por uno/Cine Moderno/Cine Continental/viejo teatro/casa del señor/morada de ratas/PARE DE SUFRIR. Canciones olvidadas, sentimentalidades de radio en la cita al clásico programa de tangos de Alodia Corral: clavijas de arrabal. Canto del cuculí que aún puede escucharse en medio del ruido si el oído está realmente atento. Persistencia del LLanten/yerba bella plebe que todavía crece a pesar del avance del cemento. 

Valparaíso. Diciembre de 2016

Caja de Cambio
Poesía
Marcelo Arce Garín
Ediciones Etcétera. Concepción, 2016


martes, 29 de noviembre de 2016

Un puente de cimbra

Tensiones del Pensar. Materiales para un diálogo entre filosofía y poesía en Chile.

Tensiones del Pensar. Materiales para un diálogo entre filosofía y poesía en Chile. Así se titula este libro. Una exploración de las relaciones posibles entre dos ámbitos que, comúnmente, se entienden separados. Incluye ensayos sobre poetas y poéticas muy diversas: Ximena Rivera, Juan Luis Martínez, Jorge Teillier, Elvira Hernández, Gonzalo Millán, Pablo Neruda. Poetas y poéticas que dan cuenta de la enorme diversidad de fundamentos y formas que ha caracterizado la poesía chilena desde el siglo XX. Las perspectivas para abordar estas poesías dibujan también un arco extenso. Bachelard, Spinoza, Hegel, Paul Ricoeur, Nietzche, entre otros referentes filosóficos con los cuales se cruzan en su trayecto estos ejercicios de lectura. 

Desde luego, sería imposible abordar en el espacio acotado de estas notas cada uno de estos textos. Me parece pertinente, sin embargo, esbozar algunos comentarios sobre la tentativa de la cual todos ellos participan: investigar las vinculaciones entre la tradición de la filosofía occidental y cierto corpus de poesía chilena contemporánea. Elaborar un pensamiento que se despliega en el trabajo con estos materiales. Pensar en ellos como una forma de ponerlos en tensión. 

Cito a Giorgio Agamben: Siempre he pensado que filosofía y poesía no son dos sustancias separadas sino dos fuerzas que tensan el lenguaje único en dos direcciones opuestas: el sentido puro y el sonido puro. No hay poesía sin pensamiento, así como no hay pensamiento sin un momento poético. En este sentido, Hölderlin y Caproni son filósofos, así como cierta prosa de Platón o de Benjamin son poesía pura. Si se dividieran drásticamente en dos campos, yo mismo no sabría en qué parte meterme. No hay poesía sin pensamiento, así como no hay pensamiento sin un momento poético, escribe Agamben. Me parece que esta comprensión integradora sirve para describir lo que intentan estos textos. Superar la división disciplinaria entre filosofía y poesía que ha dominado el campo intelectual chileno. Entender estos territorios como espacios limítrofes que se intersectan o se superponen e invitan a transitar hacia uno y otro lado de una frontera más bien difusa. Que dibujan una especie de campo energético, dinámico y permeable, donde poesía y filosofía operan como fuerzas que tensan el lenguaje.

Esto último, la tarea común de poner en tensión el lenguaje, me parece importante de relevar en el contexto actual. Un contexto donde la precarización generalizada de la vida cotidiana tiene como base, justamente, la degradación progresiva del lenguaje. Su vaciamiento de sentido. Su inutilización como herramienta de comunicación humana y de reflexión crítica sobre la fisonomía del presente que habitamos. Vuelvo a Agamben: Los filósofos, como los poetas, son más que nadie los custodios de la lengua y esto es una misión genuinamente política, sobre todo en una época, como la nuestra, que busca por todos los medios confundir y falsificar el significado de las palabras. Es esta misión política lo que comparten poesía y filosofía. La misión de resguardar la capacidad de la palabra para llamar a las cosas por sus nombres. La de restituir su potencial para el develamiento de lo real frente al lenguaje del poder que en todo momento y en todo lugar oculta, tergiversa o falsifica. 

Desde luego, la figura del filósofo chileno Patricio Marchant aparece aquí como un antecedente ineludible. Su tesis de que sería la poesía chilena el ámbito más significativo, el lugar privilegiado de nuestro pensamiento. Concentrado, en primera instancia, en la reflexión sobre la poesía de Gabriela Mistral, su proyecto estaba planteado como una empresa de alcance mayor. Vale la pena recoger aquí la definición de ese proyecto que él mismo hace, someramente, en una ponencia datada el año 1982: La ponencia presentada al Primer Seminario Nacional de Estudios Literarios -que reproduzco aquí, con ligeras modificaciones, pero con notas aclaratorias importantes y, como se dice en la nota final, con exclusión de su última parte- expone el argumento esencial que desarrollaré en un libro sobre la poesía de Gabriela Mistral (Sobre Árboles y Madres), primera parte de un estudio filosófico sobre la poesía chilena, El primer problema que precisa ser resuelto es por qué surge en Chile, sin que nada lo prepare, al parecer, una gran poesía, una rápida sucesión de grandes poetas. Explicaciones que hagan intervenir la "espontaneidad" del "genio creador" o explicaciones de carácter sociológico (las segundas al menos dicen algo, las primeras constituyen meros modos de hablar) deben ser dejadas de lado. 

De alguna manera, este libro contribuye a rescatar ese proyecto que, debido a su muerte temprana, Marchant dejara inconcluso: el estudio filosófico de la poesía chilena. Un estudio que fuera capaz de abordarla desde su mirada particular y su epistemología, distanciándose de los excesos biográficos y sociológicos que, por lo general, tienden a reducirla o simplificarla. 

Termino recordando las palabras de Jorge Polanco para el prólogo de este libro: Pensar la poesía conlleva una agudización de la mirada a los supuestos y los efectos filosóficos que traen consigo la lengua. En cuanto método, el reconocerse y más aún desprotegerse ante la escritura poética, estimula a pensar en los desajustes de las herramientas conceptuales con que la enseñanza teórica ha buscado capitalizar un saber. Y más adelante: El problema estudiado no es neutro, concita una apuesta y un riesgo, una fidelidad al desafío del pensamiento teórico; vale decir, barruntan aquello que Platón llamó el bello peligro de la filosofía. Pensar la poesía implica agudizar la mirada, escribe Polanco. Hacer una apuesta, asumir un riesgo. Es cierto: lo que se tensa puede cortarse. Pero de lo que se trata aquí es de construir un puente entre poesía y filosofía. Para ello es necesario tensar bien las cuerdas. Como se hace con un puente de cimbra. Un puente que, suspendido en el vacío, a pesar de los vaivenes del viento, nos permite el paso de una a otra orilla. 


Valparaíso. Noviembre de 2016

Tensiones del Pensar. Materiales para un diálogo entre filosofía y poesía en Chile
Ensayo
Varios autores
Cenaltes Ediciones. 2016.